Jesucristo, Señor,
nosotros somos tu cuerpo,
no porque nosotros hayamos escogido ese nombre,
sino porque tu nos lo diste.
Al tiempo que nos maravillamos ante este gran privilegio
también lamentamos nuestros fracasos:
Si por causa de nuestro falso orgullo
o por nuestra egoista independencia
te hemos dicho: Si yo no soy parte del cuerpo...
Si por causa de nuestra superioridad o falta de amor
te hemos dicho: Yo no te necesito...
Si hemos sabido que otras partes de tu cuerpo sufren,
y nosotros nos hemos rehusado compartir su dolor...
Si hemos visto que otras partes de tu cuerpo se alegran,
y nosotros hemos sospechado de o despreciado su alegría.
Si, nosotros en lugar de ti, cabeza del cuerpo,
hemos servido a nuestra propia teología,
nuesta propia tradición o a nuestros prejuicios,
y sólo hemos amado a aquellos que se parecen a nosotros,
a aquellos que nos amaban a nosotros.
SEÑOR, TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS.