Arte
Restauración
Restauración
No existe sitio tan bajo donde podamos caer/ del que Su Mano Gloriosa no nos pueda devolver./ Mas si en senderos dudosos insistimos deambular,/ nuestra alma hastiada de males, su voz no sabrá escuchar./ El corazón enviciado solo ve lo material,/ y una vez que lo ha logrado, sigue en su angustia inicial./ ¿Cómo habrá de sustentarnos nuestro precario saber/ asfixiado en arrogancia y a punto de perecer?/ El témpano que observamos indolente en su flotar/ solo es un fragmento escaso de montaña colosal./ El pecado nos degrada, menguando nuestra visión./ ¡Hay tanto que no sabemos, frente a cada decisión!/ Pedimos que Dios actúe como vulgar marioneta/ exigiendo que apresure nuestras alocadas metas,/ y perdemos los manjares que Él nos ha preparado/ agregando más espinas a su cuerpo lacerado./ Dejemos que nos alcance el amor incomparable/ de esos brazos extendidos a través de las edades./ Solo Él puede lavar el barro de nuestro espanto/ y hacerlo todo de nuevo desde el hueco de su mano./