Arte
La niña que fue a buscar vino
La niña que fue a buscar vino
La vi cruzar el camino con toda su tierna gracia: con su pielcita morena, con su ropita ligera, con sus piecitos descalzos y aquel envase de vino que en sus bracitos llevaba. No le importaba el calor ni los autos que pasaban, pues traía el corazón, menudito, preocupado por su madre que sufría ¡por lo bruto que era el padre al beber todas las tardes! -“¡No tomes así, querido, hacés sufrir a los niños no aprovechás tus comidas apeligrás tu trabajo y desperdiciás tu vida: mientras la mía se amarga por nuestro hogar destruido!”- -“¡Cállate, Mujer, cállate! Déjame en paz con mis copas. Soy el que trabaja afuera, soy el que trae la comida déjame tomar mis copas que son mi única alegría!”- (“Por eso chupo, mi vida”) -“Al beber, bebo mis penas y la bronca se me quema, por mi impotencia que crece por el mundo que me odia, por el mundo que me acusa ¡mi torpeza día a día!”- La pequeña morenita sentía zumbar sus oídos por las palabras groseras que vomitaba su padre. Y al cruzar hacia el kiosco, no vio el auto que venía como guiado por demonios. Chirriaron, enloquecidos, los frenos en el camino, sin evitar que la niña rebotara por los aires con la cabeza destrozada y el cuerpo aún abrazado ¡a la botella de vino! Después todo fue sorpresas mujeres que desmayaban mientras un hombre corría hacia el hogar del borracho para llevar la noticia de que la niña morena a su hogar, no volvería... Pero todo fue un fracaso una luctuosa ironía porque, el hombre, obnubilado no entendió cuando dijeron, ante su rostro cambiado, -¡Escúcheme, Juan Papel, su hijita fue atropellada!”- Compañero Ramón Grupo “Nuevo Amanecer” De A. A.