Textos litúrgicos
El saludo de la paz
El saludo de la paz
El pueblo hebreo sellaba los reencuentros marcándolos con un abrazo y un beso (Gen. 29:11,13). Jesús conocía este práctica y el mismo la puntualizó, en especial con referencias a la comunidad (Lucas 7:45). Cuando Pablo llegaba al final de sus cartas, estimulaba a la comunidad a saludarse con un "beso santo" (1ª Cor. 16:20). Las primeras iglesias cristianas incorporaron esta práctica en su culto, esto se ve en forma muy especial en la celebración del Culto de Santa Cena, y señalaban la reconciliación comunitaria. Uno de los fundamentos teológicos de este gesto es el Bautismo. Las comunidades cristianas celebraban la reconciliación comunitaria como consecuencia de éste sacramento. La persona que confesaba y reconocía sus pecados era bautizada en el nombre de Dios trino, para la remisión de los pecados (Hechos 2:38) El segundo fundamento es la promesa de Jesús: "Les dejo mi paz, les doy mi paz" (Juan 14:27). Los cristianos entendían que la Cena del Señor concede la paz. Es la paz por medio de la cual Dios reconcilia al mundo consigo mismo y posibilita que sus hijas e hijos se reconcilien entre si. Es la paz que sensibiliza los corazones, que modifica actitudes y que supera conflictos, que aniquila la fuerza del pecado. Podemos encontrar textos bíblicos que hacen referencia a la reconciliación comunitaria en torno al gesto de la paz. Según Mateo 5:23-24, quien quiera depositar su ofrenda en el altar (es una referencia a la celebración de la Cena) debía primero tratar de ofrecer o de aceptar el perdón en relación con el prójimo. Para Santiago, el encuentro de la comunidad implicaba la confesión y el reconocimiento mutuo de pecado, en oración y con el beso de la paz (Santiago 5:16). Hay otros documentos que tienen información valiosa sobre el gesto de la paz. La Didajé (un documento escrito alrededor del año 100) es un catecismo de las primeras comunidades cristianas, y allí dice: "Reúnanse el día del Señor para partir el pan y agradecer, después de haber confesado sus pecados...aquellos que estén mal con sus compañeros, no podrán juntarse antes de la reconciliación" (XVI,1- 2). Justino (filósofo convertido al cristianismo en el año 165) se refiere a los cristianos que reunidos en culto compartían el saludo de la paz antes de iniciar la liturgia de la Santa Cena. En tiempo de Hipólito (obispo de la iglesia, año 215) el "beso santo" seguía estando en ese mismo lugar del culto. En el culto cristiano de los primeros cuatro siglos, los fieles confesaban en voz alta sus pecados: hechos y palabras que quebraban la relación con Dios y con el prójimo. Esta confesión tenía lugar delante de Dios y el prójimo. No se trataba de una confesión individual, a escondida de la comunidad, solo ante el obispo y Dios. La confesión de pecados a Dios era al mismo tiempo, reconocimiento público e implicaba el pedido de perdón de la hermana o del hermano, y el gesto de paz era la señal de la reconciliación. Teodoro de Mopsuestia (siglo IV) resumió lo que significaba, para todos los cristianos, esta parte de la liturgia de reconciliación: "Nos damos unos a otros el beso de la paz, porque en este acto está contenida la confesión de que todos, como integrantes del mismo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, nos amamos mutuamente con un amor armonioso que existe entre los miembros de una misma familia". Tomado de la Revista TEAR-Liturgia em Revista, Abril 2001 Traducción libre por Roberto H. Jordan