Textos litúrgicos
Dinámica: Ante la sequedad y el cansancio
Dinámica: Ante la sequedad y el cansancio
Todos los que ocupamos algún cargo de responsabilidad en la iglesia, o tenemos muchas actividades que realizar en ella, tarde o temprano nos encontramos con un problema que casi se nos pasa desapercibido: nos secamos. En vez de tener en nosotros "ríos de agua viva" nuestra fuente interior está agotada, y los frutos del Espíritu no se ven porque hace tiempo que se han dejado de producir. Sentimos entonces que nuestro trabajo es estéril y nos acompaña una sensación de soledad y de falta de sentido, pero no nos damos cuenta que el problema radica justamente en que entre tanto regar jardines ajenos, hemos descuidado nuestro propio jardín. En eso pensamos cuando nos tocó hacer, con el hno. Miguel Arenas, una liturgia en un encuentro para líderes laicos. Y como creemos que es algo que nos pasa a todos, les compartimos parte de lo que hicimos en esa ocasión, tomando una idea de algo que aparece en el folleto "Juntos", con motivo de los 20 años. Esta parte la incluímos durante la liturgia en el espacio para una "Oración de Intercesión". Pusimos una mesa al frente, y sobre ella una fuente con agua, y 8 cartelitos que llevaban cada uno el nombre de un "fruto del Espíritu" (Gál.5:22,23). Frente a cada cartelito, pusimos trozos de cintas de distintos colores. Por ejemplo, frente al cartelito que decía "amor" habían trozos de cinta roja; frente al que decía "gozo" habían trozos de cinta amarilla; frente al que decía "paciencia" habían trozos de cinta rosada; etc.etc. En la mesa también pusimos alfileres. Hicimos ver a los hermanos nuestra necesidad como líderes de limpiar nuestras fuentes y llenarnos nuevamente de "agua viva", y de pedir al Señor con vehemencia que hiciera brotar en nosotros nuevamente frutos. ¿Qué frutos he dejado de producir? ¿Tal vez ya no hago las cosas con gozo, sino por obligación? ¿Tal vez he perdido la paciencia y el dominio propio? ¿A lo mejor me falta tanto amor como le exijo a otros? Como líder, quizás no soy manso/a ni bondadoso/a, sino soberbio/a, agresivo/a, impaciente, falto de comprensión. Invitamos entonces a las hermanas y hermanos a pasar adelante, y en actitud de oración mojar sus dedos en la fuente con agua, y elegir entre los frutos representados aquél o aquellos que ya no producíamos, y lo confesáramos abiertamente prendiendo sobre nuestro corazón las cintas que representaban esos frutos. (¡Hubo hermanos que sacaron una cinta de cada una!) Después que todos tuvimos nuestras cintas, dimos ocasión por si alguno/a quería compartir en voz alta el motivo de su elección, y pedimos a una hermana que nos dirigiera en una oración de intercesión muy especial, poniendo delante del Señor esas necesidades tan personales pero tan necesarias para nuestro trabajo