Textos litúrgicos
Entonces Dios me dijo: Perder el ómnibus
Entonces Dios me dijo: Perder el ómnibus
El auto se me volvió a descomponer, así que tuve que tomar el ómnibus. Una voz oscura, con acento africano dijo: - "¿A dónde?" - "San Vicente", dije. Y desembolsé la plata. Nadie más en el ómnibus. Una hora tranquila del día. - "Es un círculo vicioso", dijo el guarda, y se sentó al lado mío. "Creo que me quedo aquí nada más que porque me gusta el viaje. Dentro de poco uno se va a poder comprar el ómnibus por menos de lo que cuesta un pasaje a San Vicente." Las paradas del ómnibus pasaban volando al lado nuestro sin detenernos. - "¿No lo conozco yo a usted?", dijo. - "No creo", dije. "No vivo más por aquí." - "Nunca me olvido de una cara", insistió. "Yo lo he visto en algún lado." - "Ahora vivo por Constitución", le dije. - "¡Ah!", dijo, "Canal 11." - "Sí, cerca." - "No. Digo que lo he visto en la televisión, por Canal 11." - "Ah, sí, de vez en cuando", dije. - "Cuando me toca el último turno", siguió, "y llego a casa. Usted es lo único que hay para ver en la tele." - "Además del cierre", dije. - "Usted cuenta historias divertidas", dijo. "El cierre no es muy divertido." - "Gracias", dije. - "Es divertido su Dios con pinta de hombre, de camisón blanco", dijo, "moviendo roperos, haciendo café - Yo lo vi." - "Me alegro de saber que por lo menos alguien lo ve",dije. "Yo pensaba que toda la gente decente ya se había ido a dormir a la hora que yo salía." Pero entonces él me dijo: - "Yo me pregunto ¿es manera ésa de que un hombre hable de Dios?" - "Es nada más que como yo lo veo", dije. "Una forma de traerlo a la tierra. Lo veo en la gente común, lo oigo en la gente común. En un gesto de todos los días, en una palabra de todos los días, veo la mano o la voz de Dios." - "¿Por qué dice gente común, entonces?", preguntó. "Si Dios está en ellos... es gente poco común, extraordinaria... ¿Usted les da un trato especial?" De pronto me empecé a sentir un tanto inadecuado. - "Hago lo mejor que puedo", dije, "como toda la gente. Pero usted comprende por qué hago a mi Dios portero, cafetero, peón de mudanzas..." - "¿Y guarda de ómnibus?", quería saber. - "Puede ser que lo haga", dije. "No se me había ocurrido". Pareció desilusionado, pero el ómnibus ya había llegado a mi parada. - "Mi Dios", dijo, "tiene la cara negra." Me bajé del ómnibus y me quedé un momento parado en la calle pensando por qué me sentía tan tenso después de una conversación tan agradable. En eso el ómnibus empieza a andar de nuevo, y cual no sería mi sorpresa cuando veo una cara que me sonríe desde el estribo trasero. Era Dios: camisón blanco, bigotes blancos, cara blanca- el personaje fuerte, cálido, sabio, occidental y cristiano que yo siempre había imaginado. Tuve la sensación de que había alcanzado a tomar un ómnibus... y se me había escapado otro. Título original: "So God said to me" /(Capítulo 11, "Missing the Bus") © Richard Adams / Guiones para Anglia Television, Gran Bretaña, 1978, autorizados exclusivamente para la Red de Liturgia y Educación Cristiana CLAI-CELADEC por el autor, mayo 2002. Traducción y adaptación: Pablo Sosa