Los rodillas doblo
ante los ojos del Padre que me creó,
ante los ojos del Hijo que me compró,
ante los ojos del Espíritu que me limpió.
En amor y en afecto, en sabiduría y gracia,
en cada sombra y en cada vida,
en cada día y en cada noche,
las rodillas doblo
ante el mundo de los Tres.