— ¡Bendito quien viene
en el nombre del señor! —.
Grita con esperanza el pueblo.
— ¡Crucificale! ¡Crucificale! —
Proponen desde el Templo
quienes se creían los amos
de la conciencia y la religion.
Pobres, excluidos, enfermos
y olvidados reciben al Rey
con escandalosa alegría.
Autoridades sacerdotales
ven con mucha preocupacion
que el predicador sin escuela
amenaza poder y privilegios ancestrales.
Viene Jesús aclamado
por la gente,
viene una gran multitud
clamando justicia y liberación,
mientras el Sanedrin ve caer
su mercado y mesas de cambio.
Los pobres entonan cánticos
de Salvación y jubileo,
pero para sacerdotes y religiosos
son tonos altamente subversivos,
peligrosos y amenazantes.
— ¡Hosana! ¡Hosana!
¡Salvamos por favor Señor! —.
Gritan quienes han sido excluidos
y marginados por la religión
y la alta sociedad.
Las lujosas cortinas del Templo
se levantan discretamente
para ver pasar al recien llegado,
El Mesías proclamado a viva voz
por el pueblo en las calles
de la Ciudad Santa,
va montado sobre un pollino.
Multitudes eufóricas le acompañan
levantando palmas y sus capas,
gritan con alegría y esperanza:
—¡Bendito nuestro Dios!
¡Hosanna! ¡Bendito el que viene
en el nombre del Señor!
¡Salvamos Jesús hijo de David! —
En la calle fiesta y algarabía
pero en el Templo sólo hay
rabia y conspiración.
Unos exclaman desde las aceras: ¡Hosanna!
Otros gritan al imperio
desde el atrio del Templo: ¡Crucifícale!
Rev. Obed Juan Vizcaíno Nájera
Maracaibo -Venezuela
24 de Marzo 2026.
San Mateo 27: 11 al 54.
(Domingo de Ramos).
